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ROSITA DE ORO

ROSA IRIBARREN

(1884 – Barcelona, 1906)

LA TARDE. PALMA DE MALLORCA, 16 DE ENERO DE 1906

ASESINATO DE UNA BAILARINA

BARCELONA.- Una vez más la crónica negra de nuestras páginas tiene que dar cuenta de un hecho sangriento y brutal, com el alma de esa especie de hombres que, sin voluntad ni energía para cumplir ningún deber social, se convierten en explotadores del jaez más repugnante y bajo, com es hacer mercancía de la fortaleza de su sexo para dominar con refinado salvajismo el corazón de una mujer sensible.

Esos seres tan depravados que por desgracia van formando ya una clase en nuestra moderna sociedad, son relativamente nuevos y permanecen sin calificación concisa y digna; pero está en la conciencia de todos que “la clase” aumenta cada día y es preciso que la justicia siente precedentes adecuados á esos criminales, si se quiere detener la propagación de esa especie, que ha debido morir en la populosa y degradada villa de París, que los engendró.

El drama que á media mañana de ayer se desarrolló en una escalera de la calle de Barbará no tiene nada de nuevo. Es uno más de los que se vienen registrando en nuestra culta ciudad de poco tiempo á esta parte.

Como decía muy bien un colega de anoche, no sde puede calificar de pasional este crimen; para serlo necesitaba la impremeditación, el rapto de locura, de desesperación, de celos, siquiera fuesen mal reprimidos. Era preciso que el homicida puñal al hundirse en el cuerpo de la víctima no lo hiciese con ensañamiento, sino por un impulso interior que, sin disculpar el hecho, la opinión pudiera al menos compadecer, al par que á la víctima, al matador; poner en humano parangón los dos seres protagonistas del suceso.

Pero no ha sido así, como pueden ver nuestros lectores por estos

Antecedentes

Por el sugestivo nombre de Rosita de Oro era conocida entre la gente que frecuenta los cafés conciertos una agraciada joven, coupletista y bailarina que cultivaba la especialidad en estos géneros, cuyo nombre de guerra apareció durante larga temporada en los carteles del Alcázar Español, donde estudo mucho tiempo contratada. Su agraciada figura y vida de exhibición que hace mucho llevaba hacía que fuera extremadamente conocida, especialmente entre la gente de su clase.

Para anoche estaba anunciado se debut en el Palacio de Cristal.

Rosita de Oro, cuyo verdadero nombre era Rosa Iribarren, contaba en la actualidad 22 años y vivía en una casa de huéspedes establecida en la calle de Barbará, número 8, piso 2º. De estado casada, cambió, al debutar, su nombre por el de guerra, con que era conocida.

Desde hace algunos años entabló conocimiento con un joven profesor de baile llamado Antonio Castillo, de 23 años, habitante en la calle del Olmo, con el cual sostuvo relaciones, haciendo vida marital durante algún tiempo. Ambos habian bailado juntos en diferentes poblaciones de España. Los amores de Rosa y Antonio entibiáronse un tanto en Bilbao, donde sostuvieron varias disputas, y hasta dícese que él hirió á Rosa. Al repgresar á Barcelona, Rosa fué contratada para bialar en el Alcázar Español. En el citado establecimiento la bailarina y su maestro y amante sostuvieron varias disputas, porque, según se dice, Rosa estaba cansada de Antonio y éste constantemente provocaba disgustos que terminaban con faltas de obra por parte de Castillo, pues se dice que tenía las manos bastante largas, como suele decirse vulgarmente.

En virtud de los continuos disgustos y desavenencias que entre ambos existían, Rosa indicó á su maestro la necesidad de separarse, y á pesar de que Antonio se oponía tenazmente, por fin se resolvió la separación. Antonio Castillo fué á bailar entonces al café del Maciá, establecido en la calle del Arco del Teatro.

Personasque á diario frecuentaban el trato de Antonio dicen que constantemente se quejaba de que Rosa no le atendiese con el dinero que le hacía falta después de haberla enseñado á bailar.

No hace mucho muchos días dícese que Castillo se presentó en el Alcázar Español, donde habia ido para buscar á rosa, y dijo:

– ¡Esa mujer no se burla de mí! ¡Juro que me las va a pagar!

Desde su cesa al Alcázar Español se encontraron varias veces los antiguos amantes, amenazándole Castillo con matarla si no volvía á aquella vida.

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Autor Anders Norén