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JOSEFA LÓPEZ

PEPITA SEVILLA

BAILARINA ESPAÑOLA

Pepita Sevilla

ANYS D’ACTIVITAT ARTÍSTICA

1906 (abril: Novedades) – 1908 (desembre: Gayarre) – 1909

NUEVO MUNDO. JUEVES, 21 DE FEBRERO DE 1907

EL PROCESO DE “LA DIOSA DEL PLACER”

El sábado 9, víspera de Carnaval, se estrenó en el teatro circo de Price una obra de los Sres. Larra y Calleja, titulada La Diosa del Placer. Si éxito puede llamarse al frenesí con que el público coreó y aplaudió las obscenidades de la nueva zarzuela, ésta lo obtuvo, y hubiera sido la obra de la temporada si el gobernador civil no hubiese suspendido las representacionessiguientes y entregado el pleito de la moralidad de La Diosa del Placer al juicio de los tribunales.

Trátase de una de tantas revistas del llamado género “sicalíptico” en que se da pretexto á las artistas para alardear de su belleza y para moverse con rítmicas actitudes al compás de los bailables que la orquesta regenta.

Como resultado de las actuaciones practicadas por el juez del distrito del Hospicio, Sr. Bustamante, en vista de la denuncia hecha por el gobernador civil Sr. Marqués del Vadillo, se ha dictado auto de procesamiento contra el autor del libreto de “La Diosa del Placer” D. Luis de Larra, las tiples que tomaron parte en la representación señoritas Antonia Cachavera Aguado, Elvira Lafón, Ascensión Méndez y Josefa López (Pepita Sevilla), y los señores D. Francisco Cartolano, empresario y representante del teatro de Price, y D. Manuel Merino, director artístico del mismo teatro. El delito que á todos se imputa es el de ataques á la moralcon escándalo público, y para que los procesados respondan en su día de las costas del proceso, se les exige, por dicho auto, mil pesetas de fianza á cada una de las tiples y 2.000 á los otros responsables.

Pepita Sevilla i Elvira Lafon ballant la Matchicha
LA VANGUARDIA. MIÉRCOLES, 27 DE FEBRERO DE 1907

BUSCA, BUSCANDO

Y ahora, como antes, como siempre, resulta comprobado que el último mono es el que se ahoga.

O que queda multado, encarcelado y despedido.

Como le ha pasado á la señorita Pepita Sevilla, á la cual no petendo, con lo dicho, motejar de “mono”, aunque probablemente sea muy mona. Y pongo lo de “probablemente” por galantería pues no tengo noticia ni referencia de ningún género, respecto á la susodicha señorita, de quien hace dos días ignoraba hasta la existencia.

Parece ser que Pepita Sevilla era una de las artistas coreográficas del teatro Price de Madrid. Bailaba la matchicha, una de las danzas hoy en boga, de una manera muy sugestiva, y el público, el respetable público, la aplaudía á rabiar.

Presentóse la otra noche, como de costumbre, la joven Pepita á desempeñar su cometido, y el público, el respetable público – ¡qué formidable ironista no sería el que, por vez primera, tuvo la ocurrencia de anteponer el calificativo de “respetable” al vocablo “público”! – entendiendo que la danza no resultaba bastante expresiva, que la artista no ponía en su ejecución toda la gracia sicalíptica, según ahora se dice, á que el concurso creía tener derecho, se mostró exigente, descontentadizo, apremiante, extremando sus manifestaciones de tal modo, que la bailarina, exasperada ya, hizo un gesto que el público, el respetable público, tomó en mala parte, considerándolo como un insulto, como una provocación, como una falta de…respeto, cosa que en ningún caso puede tolerar el público, el respetable público, siempre tan comedido y tan respetuoso, máxime cuando se trata de los fueros del arte y de los respetos debidos á la moral.

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Autor Anders Norén