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BELLA CLEOPATRA

CLEOPATRA

BAILARINA – COUPLETISTA

ANYS D’ACTIVITAT ARTÍSTICA

1907 (juliol: Alcázar Español, Barcelona) – 1908 (abril: Teatre Nou, Alacant)

PARA EL SEÑOR GOBERNADOR

La Bella Cleopatra que, recientement ha dado dieciocho funciones en Cartagena y doce en Murcia, no ha podido, sin embargo, presentarse ante nuestro público más que una sola noche. Y ¿por qué? Pues por los caprichos de nuestra primera autoridad civil, que á lo que parece, teme que de seguir trabajando en Alicante la referida artista, llegue á alterarse el orden público en esta capital.

No nos esplicamos ó mejor dicho no queremos esplicarnos, á qué obedece la actitud de intransigencia en que se ha colocado el señor Ojesto, porque ¿cómo no permitir en Alicante un espectáculo que se permite en el resto de España?

¿Es que nuestro público, señor Ojesto, es de peor índole y más inculto que los demás del resto de la Península? No; indudablemente.

Nuestro público, como todos los públicos no acostumbrados todavía al género sicalíptico, es un tanto exigente, pero nada más.

En su consecuencia, entendemos que la disposición gubernativa dictada contra la bella Cleopatra, es una disposición neroniana, caprichosa; una disposición dictada sin más ley que la voluntad del Poncio que el gobierno del señor Maura ha tenido á bien imponernos.

La Cleopatra, señor Ojesto, ha debido seguir trabajando en el Teatro Nuevo; y ha debido seguir trabajando, sin más limitación que la de obligarle á ceñirse á los números anunciados en el programa.

¿Que el público pide cosas que no están anunciadas y son además atentatorios á la moral?…pues no se le dá gusto y pata.

Para eso está la autoridad, para garantir el orden, para hacer desalojar los teatros cuando los públicos no salgan de lo que en buen castellano se llama corrección.

Pero de hacer esto á llevar á cabo un acto como el realizado por el señor Ojasto, hay una distancia inmensa.

Originar perjuicios enormes á artistas y empresa, sólo por el temor de que llegue á alterarse el orden, pertenece senciallamente al género ridículo.

Si es Gobernador, señor Ojesto, para algo más que para estarse sentado en la poltrona detrás de la mesa del despacho oficial; se es Gobernador para amparar todo lo que esté dentro de la ley: de no hacerlo así, de asustarnos por la cosa más fútil, como ahora ocurre, á casa, señor Ojesto, á casa, que en ella no tendrá usted necesidad de preocuparse de estas cosas tan chicas y tan mezquinas.

El Pueblo – Año IV. Número 1.334 – 29 abril 1908

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Autor Anders Norén