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JOAQUÍN MONTERO

JOAQUIM MONTERO DELGADO

[València, 1869 – Santiago de Xile, 1942]
1915


REPERTORI

LLETRISTA DE CUPLETS

El timbal del BrucLa solfejadora – Les cireres – ¡Pobre Dolores!Oi que si…?¿Qué le diré? – Risas y besos

MONOLOGUISTA – RECITADOR

Cuando el amor muere – Cuento viejo – Drama pasionalEn un confesionario – La escopeta – La mujer 1/2 – L’auca de la Ventafocs 1/2 – Lista de invitados – Lo que piensan las estatuas – No tengo tiempo

JOAQUÍN MONTERO

És, sin duda, el cómico más popular de Barcelona y lo sería tal vez de España, si hubiera formado parte durante algún tiempo de cualquier compañía de las que actúan en la Corte.

Hace más de treinta años que trabaja en el teatro, y como actor cómico, nada tiene que envidiar a Carreras, Riquelme, Bergés, Cerbón, Manolo Rodríguez y demás eminencias pasadas y presente del género chico. Su personalidad es algo más interesante que la de sus colegas, porque, a más de representar comedias, las escribe, y ha estrenado ya cerca de ochenta obras con éxito. Actualmente es empresario, autor, actor y director de escena en el Teatro Nuevo, donde, con sus revistas, logró atraer al público y defender la temporada.

Montero, como todos los artistas populares, tiene defensores acérrimos y furibundos detractores. – És un buen actor cómico – dicen unos.- Es un hombre ridículo – murmuran otros. – Tiene ingenio – afirman sus admiradores. – Lo que tiene es un desahogo brutal para apropiarse de lo ajeno, tejiendo con recortes de obras buenas y malas esas revistas absurdas, que estrena cada cuatro días en su teatro – exclaman indignados sus detractores. La discusión contnúa, salpicada, por una y otra parte, de adjetivos pintorescos y de rotundas interjecciones. Y el nombre de Montero suena, va en boca de la multitud y esto es para él lo importante. ¡Desgraciado quien no inspira a los demás ningún comentario! Ya puede creer que es un hombre mediocre; una criatura insignificante.

La personalidad de Montero es algo compleja. Dotado de una gran cultura y de una misteriosa perspicacia, se apodera inmediatamente del corazón de sus amigos, les conquista, les obliga a seguirle, los hace suyos, casi incondicionalmente. En sus labios hay siempre una anécdota, un chiste, una frase oportuna, una palabra más o menos ingeniosa. Yo me atrevería a decir que Montero es un tipo perfecto de hombre moderno. Tiene eso que yo no sé como llamarle y que algunos llama “golpe de vista”; se adapta con facilidad al medio; sabe lo bastante para vivir y vive todo lo mejor que puede. “Montero – dice Amichatis – llegó a Barcelona y supo lo que el público quería. Montero triunfó en esta batalla, porque supo dominar cediendo ante el público. Igual triunfaría donde quiera que fuese, pues Montero sabe hacer algo más que lo que en el Nuevo hace. Si el público se cansara, Montero no se amedrentaría…” “Montero – añade el amable y culto cronista de El Día Gráfico – sabe hacerlo todo y dirigirlo todo. Tal vez en esa facultad de adaptación podíamos encontrarle un defecto. Montero se adapta demasiado, concede demasiadas cosas al público. Y es que en el alma compleja de Montero, a más del actor, existe el empresario. Y el empresario le manda que trabaje, que baile, que cante, que dé saltos, que nos ofrezca mil actos y se vista de mil maneras, de modo que el trabajo de conjunto haga desmerecer al de detalle.”

Una noche, al salir del Teatro Nuevo, acompañamos a Montero hasta su casa y él nos invitó a visitar su domicilio. Yo no diré cómo es la casa de Montero; pero sí debo decir que quedé sorprendido al contemplar los libros que hay en su biblioteca. Rabelais, Stendhal, Villiers de l’Isle Adam, Taine, Racine, Molière, Shakespeare, Balzac, Víctor Hugo, Anatole France; lo más escogido de la literatura francesa y española; una serie de libros admirables que Montero leyó con entusiasmo. Esta visita me hizo cambiar el concepto que había formado en un principio del autor, actor, empresario y director del Teatro Nuevo. Ahora creo que Amichatis tiene razón, y que Montero es capaz de hacer algo más interesante que lo que hace en esa especie de barraca donde le vemos trabajar dirariamente. Lo malo es que no lo hace y me figuro que ya no lo hará nunca. La vida impone muchos y dolorosos sacrificios; la vida es antes que todo, y cualquier arma, siendo lícita, me parece noble para defenderla. Si Montero cultivase un género más delicado, más poético, más exquisito, en lugar de vivir con cierta comodidad, viviría, tal vez, miserablemente. Si el público aplaude sus revistas, sus astracanadas, sus disparates cómicos, él debe seguir fabricándolos. Eso lo hace para defenderse.

– Que me traigan obras buenas – decía la otra noche respondiendo a sus impgunadores. – Yo las representaré encantado; no deseo otra cosa- Pero ¿dónde están esas obras, dónde están esos genios ocultos, esos renovadores del género chico? Yo no los veo por ninguna parte. Obras son amores y no buenas razones.

Nosotros no conocemos las ochenta y tantas producciones teatrales que ha escrito Montero; pero nos figuramos que todas son lo mismo. El es lo que pudiéramos llamar un hombre de métier, que aprovechó, sencillamente, los efectos que ya habían descubierto otros, contando de antemano con el mal gusto del público. Si hubiera nacido en Francia, tal vez su reputación equivaldría a la de Sacha Guitry, que no ha descubierto nada tampoco en el arte de escribir comedias, sin dejar de ser por eso un escelente actorcómico.

Es, además, Joaquín Montero un causeur admirable, un narrador que tiene como pocos el don de la amenidad. Cuando él habla, se apodera de la atención del que escucha y ya no la suelta hasta que él quiere.

Pero la verdadera, la única personalidad de Montero es la de actor cómico, y a pesar de los defectos que puedan señalar en él sus detractores, ya pudiéramos darnos por satisfechos si contáramos en España con media docena de actores cómicos tan cultos, tan geniales y tan discretos como el director del Teatro Nuevo.

Francisco Iribarne. La Actualidad. Revista Semanal Ilustrada. Año IX. Núm. 404. Barcelona, 2 Mayo de 1914.
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Autor Anders Norén