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EDMOND DE BRIES

EDMONT D’BRIES – EGMON DE BRIES

ASENSIO MARSAL MARTÍNEZ

[Cartagena, 1900 – ?]

TRANFORMISTA

1921

REPERTORI

Capricho argelino – Chamberilera – JaponesitaLa maja de los lunaresLa perla del harén – La reina de Toledo – Las tardes del RitzReina de la morería

HABLANDO CON EDMOND DE BRIES

DICE EL MAGO DE LAS SEDAS Y DE LAS PLUMAS

Pues yo le aseguro que no tengo nada de parisino; es más: no he visto ni de lejos la instalación de ningún modisto parisién. Mi nombre es Asensio Marsal Martínez; en mi familia no había antecedentes artísticos. Mi padre fué un buzo de la armada; mi madre una campesina de Levante. Yo nací en Cartagena y allí viví hasta los dieciocho años…

Será necesario advertirle, lector, que estamos en uno de los camerinos del Pereda en charla con Edmond de Bries. El enorme interés que han despertado sus fastuosas “toiletas” entre nuestro público elegante nos ha llevado allí con fines de información. Empezaremos por decirte que este camerino de los primeros actores que nosotros hemos conocido infestado de humo de cigarros – ¡oh, tertulias con Ricardo Puga, con Vilches, con Borrás! – ahora nos regala con un suavísimo perfume, de fragancia sutil. Además, este camerino es ahora un museo. En vez de los pantalones y las capas que colgaban antes de sus percheros, refulgen mafníficas vestimentas femeninas, constelada de piedras, guarnecidas de terciopelos; enriquecidas con bordados y encajes. Es algo que deslumbra. Da la sensación de esos tesoros de casullas prodigiosas que os enseñan en las Catedrales célebres, como Sevilla y Toledo.

Edmond de Bries, o Asensio Marsal, está en traje de calle. Es un hombre correcto; simpático. Nada en él denuncia el refinado afeminamiento que despliega en la escena. Se expresa con una gran naturalidad.

– ¿Cómo – le preguntamos – se manifestó en usted la vocación al arte del vestido?

– Yo vivía en Cartagena – nos responde – cuando se presentó ante aqueñ público la pobre “Fornarina”. Usted recordará los primeros tiempos de nuestras tonadilleras. Se presentaban con una pobreza de vestuario verdaderamente extrema. Un solo vestido les servía para todos los “cuplets”. Yo pensé en el partido que podía sacarse de aquel género, a base de una presentación lujosa y artística. Y soñé en ser modisto; en ser modisto, a fin de crearme elementos para ser luego artista… Y me fuí a Madrid…

Nos describe luego el mago de las telas la situación en que estaba la sastería artística de Madrid cuando él llegó a la corte. Había un sastre de teatros, Vila, que imponía su hegemonía despótica. Todos los atrezzos era a base de baratura. Unos catalanes fueron a luchar con él y fracasaron. En su casa entró de aprendiz a los dieciocho años…

– ¿Duró mucho el aprendizaje?

– Fué brevísimo. Al quemarse el el teatro de la Zarzuela y pasar la compañía que en él actuaba a Eslava, una de las artistas tuvo que reponer su ropa, y como me conocía del taller, me encargó un vestido “Directorio”, buscando en mí la economía, pues era un modesto aprendiz. Aquel traje fué un éxito y consolidó mi fama. Entonces monté mi taller, donde se han vestido las más célebres artistas españolas y las damas de la aristocracia, pues hago también vestidos de “soirée”. sin falsa modestia puedo decir que yo he dignificado la presentación de las artistas y he convertido en arte el oficio de hacer vestidos.

– ¿Busca usted sus elementos en la Historia, en los Museos?

– Para los vestidos de época, sí, aunque no me ciño servilmente al original. Los doy más gracia, los quito pesadez. Combino la verdad histórica con la fantasía…

– ¿Cuál es la artista española que empezó a vestir lujosamente?

– “Fornarina” en sus últimos tiempos, después de estar en París y visitar la casa Paquín. Una de las que mejor se visten hoy és “Lola Montes”

– ¿Cuánto puede costar uno de esos vestidos?

– De dos a tres mil pesetas sin el arreglo de la cabeza.

– ¿Cuánto vale su vestuario?

– Yo habré ganado en los teatros unas 250.000 pesetas, y de ellas habré gastado 150.000 en presentarme….

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Autor Anders Norén